TERIODONTOS O TERIODONTES


Hubo un momento en la historia (Cretácico) , que la evolución se dividió en dos caminos diferentes: por un lado, estarían los reptiles y por el otro, el camino de los mamíferos (como tú y yo... a no ser que quién lea esto sea una cucaracha inteligente que haya sobrevivido a una guerra nuclear).

Por eso, los animales anteriores a esta divergencia evolutiva tenían que tener características tanto de reptiles, como de mamíferos. Y estos animales son los que forman el orden de los Terápsidos, que quiere decir reptiles con forma de mamíferos. Y de estos, en esta entrada voy a destacar una curiosa rama, la de los Teriodontos.

Los teriodontos reciben el nombre del griego, y significa "dientes de bestia". Este nombre tan carismático se debe a la peculiar dentadura con dientes inusitadamente largos. De hecho, el Gorgonópsido, el primer dientes de sable que se conoce, es un teriodonto.

Y no es por casualidad que los felinos dientes de sable tengan esos dientes. En un lugar de su mapa genético podemos encontrar como se ha arrastrado desde hace miles de años la capacidad de alargar los dientes y convertirse ahora en aquellos felinos dientes de sable que pudieron vérselas por la comida con nuestros antepasados (como el Smilodón).

Si lo pensamos bien, que los Teriodontos pudieran desarrollar esos dientes, no era por simple capricho, se debía principalmente a la capacidad de abrir mucho la boca... sino, ¿para qué hubieran necesitado dientes tan largos? (bueno, sobre esto podemos hablar mucho.... en otra ocasión)

Por lo visto, esto no era muy normal. Las articulaciones de la mandíbulas de otros seres prehistóricos de la época daban menos juego, estaban más fuertemente enganchadas al cráneo y no se abrían tanto. Pero los Teriodontes tenían un sencillo enganche, un simple huesecillo que estaba envuelto por músculos necesarios para morder fuertemente. Y claro, los músculos tienen mucha más movilidad que los huesos. La elasticidad necesaria como para abrir la enorme boca.

Otra cosa a destacar es que gracias a este hueso, a lo largo de los años, se fue transformando en la estructura de la cadena de pequeños huesos (como el yunke) que forman el oído interno y que es característico de los mamíferos. De hecho, la forma de los huesos sirve para trazar la linea divisoria entre mamíferos, aves y saurios.






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